Freestyle, entre el arte y el deporte!

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Por su innegable vínculo con la música, muchas personas confunden el freestyle rap con un género musical en sí. En realidad, es una disciplina de la que suele surgir la primera semilla de muchísimas canciones (o su versión definitiva) e incluso se la elige para dar ese toque extra a las presentaciones en vivo. Esto llevado al ámbito competitivo, logra dar a lo artístico un formato de deporte que se nutre de lo que más nos gusta: lo impredecible de lo improvisado. ¿Pero qué es el freestyle rap? Traducido al español, significa rap estilo libre. Quien lo practica elige técnica, forma, velocidad y tema a rapear. Así como los músicos improvisan con su instrumento, los raperos lo hacen con su rap, escupiendo frases que conectan palabras recitadas y cantadas.

Las competencias de freestyle enfrentan a estos improvisadores entre sí, eligiendo como ganador a quien mejor haga uso de sus habilidades, demostrando así ser el mejor oponente. En pleno barrio porteño de Caballito, entre 2012 y 2017, se gestó la competencia más importante de habla hispana: el famoso Quinto Escalón que posicionó a Argentina en la vanguardia de la escena y fue el génesis para las carreras de artistas como Duki, Trueno y Paulo Londra, hoy reconocidos mundialmente. Pero para que el Quinto exista, tuvo que ser precedido por las nacionales A Cara de Perro Zoo y Halabalusa, entre otras, o la organizada por Red Bull, que desembarcó en nuestro país en 2005.

Hace ya un tiempo que las competiciones de free son parte de la cultura moderna argentina, y cada vez hay más espacios para freestyle en festivales o eventos de cualquier tipo, además de talleres, concursos y las ya clásicas rondas en las plazas. Aquel vacío dejado por el Quinto Escalón nunca se llenó, pero se multiplicaron las batallas y llegó, por primera vez, una liga nacional profesional de freestyle. Al igual que en el fútbol, en Argentina y varios países hispanoparlantes (España, Perú y México, entre otros) existe una competencia importante a nivel país: la Freestyle Master Series. Se la conoce como FMS, y desde 2018 sistematizó en suelo nacional los enfrentamientos bajo rondas, temáticas, puntajes para cada verso/barra, y hasta tabla de posiciones.

Como llegar a la primera división para los futbolistas, el sueño de los MCs (como se le dice a los improvisadores) es sumar puntos para ascender a esta liga. ¿Cómo se hace? Participando de distintas competencias a lo largo y ancho del país que, dependiendo su rango (van del 1 al 4), otorgan más o menos puntos a los freestylers según la instancia a la que hayan logrado pasar. ¿Por qué es tan importante para los freestylers ascender? Porque desde el vamos la organización de la FMS contó con un presupuesto que permitió por primera vez darle un sueldo a todos los participantes de su liga, en lugar de un premio sólo para el ganador o el podio, como se acostumbra en las competencias de plaza. Al mismo tiempo, los viáticos corren a su cuenta cada vez que se viaja a otras ciudades (esto es: todas las fechas ya que cada jornada se hace en un lugar distinto), algo que siempre representó un obstáculo para los freestylers y que en muchas ocasiones llegó a frenar su desarrollo.

Siguiendo la línea cronológica, entre el Quinto Escalón -que fue la competencia de free más importante- y la FMS -actual liga profesional de freestyle- no pasó tanto tiempo. De hecho, la primera finalizó en noviembre de 2017 y la última arrancó 6 meses después, en mayo de 2018. En ese medio año, la FMS se propuso retomar el impulso que el Quinto le había dado al freestyle argentino y cambiar las reglas del juego. ¿Cómo? Reclutó a los MCs que venían de esa competencia y los puso a improvisar bajo un nuevo sistema, más dinámico pero también más exigente. Frente a los clásicos cruces 4×4 del Quinto Escalón (un oponente vs. otro, cuatro versos cada uno de manera intercalada), esta liga presentaba 6 rondas para una misma batalla: “easy mode”, “hard mode”, temáticas, personajes contrapuestos, minutos libres, y un 4×4 clásico. Esto, inevitablemente, llevó a que los enfrentamientos se extiendan entre 20 y 30 minutos, algo que puede resultar tedioso para los MCs y también para el público.

Pero si se deja atrapar, esas 6 horas que suelen durar las jornadas de la FMS pasan volando. Basta con que un MC caiga bien, o guste su voz, o esa referencia a Dragon Ball, Los Redondos o a Zona Sur que hizo improvisando. De repente, el reloj marca que ya pasaron 2 horas y ya se sabe qué barra o verso festejar y hasta con qué sorprenderse. Sin embargo, que una persona se haya quedado una vez a ver esas 6 horas alucinado no significa que con el paso del tiempo lo siga haciendo. El atractivo tiene que ir renovándose, de lo contrario llega el estancamiento, lo repetitivo, la pérdida de novedad y también de audiencia. El público de siempre no se queda porque sí, y el nuevo no se acerca sin revuelo. Este panorama pintado por una baja en reproducciones y una menor asistencia a los eventos viene siendo tema de discusión entre consumidores, organizadores y practicantes de freestyle.

lgunos hablan de crisis, otros la niegan. Y en esta discusión se despliegan dos corrientes de pensamiento que existen en la escena desde hace ya un tiempo. Una defiende al freestyle como arte y busca que sus libertades para improvisar no sean restringidas. La otra intenta posicionarlo como deporte y sistematizarlo para que cada vez sea más competitivo. Todos creen que la renovación de la escena de freestyle está en la postura que defienden y que su decadencia está vinculada a la postura a la que se oponen. Lo cierto es que ambas hicieron a la construcción de la escena de freestyle como la conocemos hoy en día. Como el ying y el yang, no hay una sin la otra. Y es justamente en ese afán de demostrar que es el arte o el deporte la forma de hacerla crecer, que todo esto no tiene otro futuro más que el desarrollo.

Plaza San Martin – Rio Gallegos – Santa Cruz

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